
El tiempo litúrgico de Adviento está lleno de deseos de la venida del Salvador y recoge los sentimientos de expectación, que empezaron en el momento mismo de la caída de nuestros primeros padres. Esperaron los patriarcas, los profetas, los reyes y los justos, todas las almas buenas del Antiguo Testamento. En el punto culminante de esta expectación se halla la Santísima Virgen María. Todas aquellas esperanzas culminan en Ella, la que fue elegida entre todas las mujeres para formar en su seno el verdadero Hijo de Dios.