Para una mejor participación en la liturgia tradicional es conveniente conocer algunas reglas básicas sobre la pronunciación del latín eclesiástico, que desde la restauración ocurrida en el siglo XIX tiene una correspondencia fonética casi exacta con el italiano moderno.
– a, e, i, o, u: Se pronuncian igual que en español.
– æ, œ: Se emiten en un solo sonido y se pronuncian como una e.
– au, eu: Se pronuncian las dos vocales con su sonido propio, pero en una sola emisión de voz.
– qu, gu: La u que sigue a la q o a la g siempre es sonora, es decir, se pronuncia.
– c: La c delante de e, i, æ u œ se pronuncia como la ch castellana.
– g: Delante de una e o i tiene el mismo sonido que en francés (como una y suavizada) .
– h: Tiene el sonido de la k en el dativo mihi (=miki) y en el adverbio nihil (=nikil), con sus compuestos. En los demás casos, la h es muda.
– j: Es semiconsonante y debe oírse como la i en español, es decir, no se pronuncia con el sonido áspero al que estamos acostumbrados habitualmente.
– m: Hay que cuidar su dicción, para que no suene como n.
– t: Cuanto a la sílaba ti la precede y le sigue una vocal, suena como ts. En cambio, si la precede una s o una x, la t tiene el mismo sonido que en español.
– v: Se debe diferenciar de la b acercando el labio inferior al borde de los dientes.
– x: Delante de vocal equivale a una cs.
– z: Se pronuncia como la s suave, dejándose oír una t.
