Reflexiones tras celebrar la Misa en su Forma Extraordinaria.

En un reciente artículo aparecido en The Catholic Herald y traducido por la web Secretum Meum Mihi, un sacerdote expone sus impresiones tras aprender a celebrar la santa Misa en su Forma Extraordinaria.  Ofrecemos algunos extractos de sus reflexiones:

Después de ofrecer mi primera Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano me di cuenta que mi autoconciencia típica estaba notablemente ausente. La naturaleza formal y disciplinada de la Misa había eliminado de la ecuación mi propia personalidad. Se sentía como entrar en la frescura de una sombra sagrada.

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La liturgia es ella misma y realiza su esencia en cuanto que es capaz de hacer presente la obra de Dios entre nosotros; mientras ella persista en aparecer como simple obra humana, producto de la creatividad del celebrante, pierde su sentido y no hace más que favorecer la desilusión entre los fieles, incapaces ya de percibir la presencia de Dios en medio de tanta espontaneidad y protagonismo humano.Desde esta perspectiva es posible entender mejor el importante papel que las prescripciones rituales juegan en la liturgia: ellas facilitan que la obra de Dios aparezca, pura, íntegra, bella y majestuosa, entre nosotros. La despectiva acusación de «rubricismo» o «ritualismo», que no pocas veces se ha dirigido a la liturgia tradicional, es señal de no haber comprendido el hondo significado de esta «señalética litúrgica». Ella está al servicio del ministro y de su acción sagrada; contribuye a que el pueblo vea en el sacerdote que celebra no al padre tal, o al padre cual, con sus peculiaridades personales, con su estilo propio, sino a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote. (Extraído de «El Valor de las Rúbricas». Blogl El Búho Escrutador.

La Misa en su Forma Extraordinaria requiere que el sacerdote se gire y se enfrente a Jesús resucitado mientras ora. Lo fieles tras de mi miraban a Jesús conmigo y oraban en solidaridad. No sentí la necesidad de entretenerlos. En cambio sintiendo que sus oraciones sostenían mi manos en algo como las de Moisés en el precipicio de una gran batalla espiritual, intercedí por ellas. Seguí las instrucciones en el Misal para saber qué decir, qué tan fuerte decirlo, cómo sostener mis manos e incluso donde enfocar mis ojos. Muchas de las oraciones fueron pronunciadas con tranquila contemplación, desde mi labios hasta los oídos de Dios.  La Misa tuvo una vida interior y rápidamente comprendí que no me necesitaba. Necesitaba un sacerdote, sí, pero no tenía que ser yo. Me había convertido en un instrumentos de las manos de Dios.

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Orientados en el mismo sentido y dirección: Hacia Cristo. Igual que nadie piensa que quien está en Misa delante suya le esté dando la espalda sino que se encuentra de igual manera orientado, lo mismo ocurre con el sacerdote. Además de razones teológicas que sostienen la llamada orientación «Ad Oriente», se evitan con ella muchos abusos tales como protagonismos indebidos y distracciones.

Si la Forma Extraordinaria cubre al sacerdote, lo hace colocándolo a los pies de la Cruz y la sombra es el ala brillante del Espíritu Santo.  Sin embargo, la Misa se desarrolla a través de la pérdida y el sacrificio. La clave para interpretarlo, tanto para el celebrante como el laico, es a través del borrarse. Durante la Misa me olvidé de mi mismo.

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La Eucaristía, además de sacramento, es también el sacrificio perenne de la nueva ley dejado por Jesucristo a su Iglesia para ser ofrecido a Dios por mano de los sacerdotes.

 

Misa Tradicional. Jornada Mundial de la Juventud. Madrid.
Misa Tradicional. Jornada Mundial de la Juventud. Madrid.