
Prefacio para la fiesta de la Anunciación, que se encuentra en muchos sacramentarios romanos antiguos :
«Verdaderamente conviene y es justo, provechoso para la salvación que te demos gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno: Que por el engendramiento de la Santísima Virgen María concediste a Tu iglesia celebrar un misterio maravilloso, y un sacramento indescriptible; en quien la castidad permanece intacta, el honor sin disminución y la constancia firme; Que se regocija de que como virgen concibió, que en su casto vientre dio a luz al Señor del cielo, que como virgen dio a luz un Niño. ¡Oh obra maravillosa de la economía divina! La que no conoció varón es a la vez madre, y después de su Hijo, virgen. Porque en dos dones se deleitó: se maravilla de que como Virgen dio a luz, y se regocija de que dio a luz al redentor del mundo, nuestro Señor Jesucristo. Por quien los ángeles alaban tu majestad…»