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  • RVDO. LUIS JOAQUÍN GÓMEZ

    Rvdo. Luis Joaquín Gómez Jaubert.

    El sacerdote D. Luis Joaquín Gómez Jaubert, sacerdote de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna y encargado de la celebración de la Sta. Misa tradicional en la isla de Tenerife, se encuentra hospitalizado, revistiendo su estado importante gravedad. Pedimos a nuestros lectores oraciones por este sacerdote; que el Señor lo conforte en estos delicados momentos y, si no se opone a su voluntad y le conviene, le conceda una pronta recuperación. Rezamos igualmente por toda la comunidad de fieles que asisten a la Sta. Misa tradicional en Tenerife y deseamos que el Sr. Obispo provea la atención sacramental de estos fieles.

  • VOCACIONES

    En medio de una sociedad secularizada y secularizante, produce gran gozo la existencia de jóvenes vocaciones surgidas en torno a la Sta. Misa tradicional, en estos casos en España.

    Algunos ejemplos:

    De izquierda a derecha: Levi Roldán Clarà (Barcelona), Rodrigo López Soto (Sevilla), Fernando Gil Alonso (Ciudad Real), Javier de la Cruz Martínez Campos (Córdoba), Francisco de Jesús Ariza Serrano (Fernán Núñez), Ramón García-Atance Santa María (Zaragoza) y David Martínez Abad (Madrid).

    El Seminario Internacional de la Fraternidad de San Pedro en Wigratzbad, – Alemania – cuenta con siete seminaristas españoles, que se forman para ser futuros sacerdotes de Cristo y su Iglesia. La Fraternidad Sacerdotal de San Pedro es una Sociedad de Vida Apostólica de derecho pontificio. La misión de esta fraternidad es doble: “en primer lugar, la formación y santificación de los presbíteros en el cuadro de la liturgia tradicional y en segundo lugar  el cuidado de las almas y la actividad pastoral al servicio de la Iglesia”. Les invitamos a leer el testimonio que estos jóvenes han publicado.

    Continuamos :

    Fray Santiago María de la Sgda. Familia y el Rvdo. Raúl Olazábar .

    El Rvdo. Raúl Olazábar , perteneciente al ICRSS y uno de los sacerdotes encargados de la Misa tradicional en Madrid, visitó recientemente a Fray Santiago María de la Sgda. Familia, novicio en la Cartuja Porta Coeli ( Valencia) y antiguo feligrés de la Misa Tradicional en la Iglesia Ntra. Sra. de la Paz de Madrid.

    Otro ejemplo :

    Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, celebrando la Sta. Misa tradicional en el monasterio de San José.

    La Diócesis de Córdoba cuenta desde hace unos pocos años con una comunidad contemplativa de las religiosas del Oasis de Jesús Sacerdote, dedicadas a rezar por la santificación de los sacerdotes. Estas religiosas siguen la Liturgia Tradicional.

    Además de estos ejemplos, cabe subrayar las distintas conversiones de jóvenes gracias a su acercamiento a la Liturgia Tradicional. Estos jóvenes han formado nuevas familias cristianas, entre los fieles que acudimos a la Sta. Misa tradicional en Gran Canaria tenemos varios ejemplos de ello.

    Damos gracias a Dios y rezamos por la perseverancia de todas estas vocaciones.

  • «VIÑADORES DEL CIELO»

    Leemos en la Web Religión en Libertad:

    Monjes benedictinos de la abadía Sta. María Magdalena (Barroux). Francia. Celebran exclusivamente la Liturgia Tradicional de la Iglesia.

    Próximamente se publica en Francia Los viñadores del Cielo, un libro del general Marc Paitier sobre la viticultura monástica y el papel civilizador de los monjes durante la Cristiandad. El bello vídeo promocional de la obra se basa en la labor actual de los benedictinos de la Abadía de Barroux, que conservan la Sta. Misa tradicional. Éste es el texto que lo acompaña: «Tras el hundimiento del Imperio Romano, los monjes se convirtieron en los arquitectos de un nuevo mundo. Su obra de constructores bebe de las fuentes sagradas de la Biblia. Las viñas que florecieron en torno a los monasterios son la expresión viva de esa civilización. Cincelan el paisaje de la Francia rural: su historia, sus costumbres, su cultura… Tras desaparecer hace doscientos años, hoy florecen de nuevo».

  • CANTO GREGORIANO Y LITURGIA

    Extracto de la entrevista, realizada a uno de los profesores – Gerhard Eger – que han impartido el curso de canto gregoriano realizado en Toledo recientemente.

    Fuente: Infocatólica.

    » Aunque puede haber misas rezadas, es connatural que la misa sea cantada.

    La misa en el rito romano (al igual que todos los ritos tradicionales de la Iglesia) es desde su origen una celebración cantada, y sabemos que por siglos los fieles participaban en este canto. No sólo el canto del ordinario, sino incluso de los propios. Aun en pueblos pequeños solía haber Scholae cantorum integradas por laicos que cantaban todos los propios de la misa y transmitían el conocimiento de este canto de generación en generación. 

    Durante la Revolución Francesa, cuando las autoridades intentaron suprimir el culto católico, en muchos pueblos de Francia los laicos siguieron reuniéndose en sus iglesias al menos en las grandes fiestas para cantar el ordinario y los propios de la misa, a pesar de que no tenían sacerdotes. 

    San Pío X en Tra le sollecitudini insistió mucho en la formación en el canto de los seglares, declarando: «Póngase cuidado en restablecer, por lo menos en las iglesias principales, las antiguas Scholae cantorum, como se ha hecho ya con excelente fruto en buen número de localidades. No será difícil al clero verdaderamente celoso establecer tales Scholae hasta en las iglesias de menor importancia y de aldea; antes bien, eso le proporcionará el medio de reunir en torno suyo a niños y adultos, con ventaja para sí y edificación del pueblo.»

    Además hay que recordar que la liturgia no incluye sólo la Misa, sino también el Oficio Divino. En la Edad de la Fe y en los siglos posteriores en casi todas las parroquias, incluso rurales, se celebraba públicamente al menos Vísperas, y muchas veces el Oficio completo, y muchos fieles participaban cantando los salmos y antífonas junto al clero. Es triste que hoy sea tan poco común el canto de las horas canónicas, y por eso fue una alegría tan grande haber cantado Prima, Vísperas y Completas durante este curso. Fomentando la formación musical de los laicos se puede expandir la celebración pública del Oficio.

    ¿Por qué tantas personas se dejan cautivar por la sacralidad de la liturgia en nuestros días?

    Creo que el deseo de sacralidad y trascendencia es intrínseco al ser humano. Victor Aubert explica que el hombre, mientras esté aquí abajo, sólo puede experimentar lo sacro de manera encarnada, tocando, cantado, oliendo, arrodillándose y contemplando la belleza de símbolos. La celebración solemne de la liturgia tradicional responde de manera perfecta a esta condición humana, ya que es el fruto de generaciones de católicos que la han perfeccionado, no es simplemente el producto de una comisión litúrgica. Además, muchos católicos hoy en día, especialmente los que acuden a la misa tradicional, se han convertido a la fe después de algún período de apartamiento, y por lo tanto tienen un santo celo por la tradición católica, y quieren vivirla plenamente.»

    Entrevista íntegra.

  • ADVIENTO Y NAVIDAD 2021

    Ofrecemos una relación de imágenes, con breve descripción, de las recientes celebraciones del tiempo de Adviento y Navidad.

  • 10º ANIVERSARIO

    Con motivo del décimo aniversario (2011-2021) del restablecimiento de la Misa Tradicional en la Diócesis de Canarias, tendremos, el próximo domingo 4 de julio, la celebración de la Sta. Misa Tradicional Cantada. Comienzo: 12:30 h. Lugar: Parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús ( C/ Pérez del Toro, 30. Las Palmas de Gran Canaria ).

    Será una ocasión para dar gracias a Dios y rogarle para que este apostolado continúe progresando en esta tierra canaria.

    Les invitamos a asistir.

  • AVISO IMPORTANTE.

    La celebración de la Sta. Misa tradicional en Gran Canaria, varía su horario de forma permanente. En lugar de a las 12:15 hrs. – como venía siendo habitual – comenzará a las 12:30 hrs.

    Sta. Misa tradicional :

    Domingos y Fiestas de Precepto.

    Lugar: Parroquia de Sta. Teresita del Niño Jesús (C/ Pérez del Toro 30. Las Palmas de G.C.)

    Inicio: 12:30 hrs.

  • LA ADMIRACIÓN EN LA LITURGIA.

    Reproducimos a continuación un artículo sobre la importancia de la admiración como valor litúrgico, publicado en la web El Búho Escrutador.

    Recomendamos su lectura.

    «Nada de lo que se considera con admiración puede producir hastío, porque, mientras cae bajo la admiración, todavía mueve al deseo» (SCG III, 62). Este principio es invocado por Santo Tomás para argumentar que «quienes alcancen la felicidad última por la visión de Dios, jamás la perderán». En efecto, la infinita perfección y belleza de la sustancia divina nunca dejará de suscitar admiración en quien la contempla; la visión de Dios es incompatible con cualquier forma de apatía, cansancio o hastío. Nada puede interrumpir el éxtasis dichoso de la visión a Dios.

    La liturgia terrena, en cuanto reflejo de la liturgia celeste, participa a su modo de este mismo principio. Una celebración litúrgica con pretensiones de autenticidad debe estar en condiciones de poder suscitar un movimiento de admiración en cuantos participan en ella, sean niños o ancianos, pues «la admiración es el acto que sigue a la contemplación de la verdad suprema» (S. Th., I-II q. 19, a. 11). Es sabido cuanto gustaba al cardenal Ratzinger el relato de los embajadores del príncipe de Kiev enviados a conocer los ritos de las distintas religiones, para que finalmente éste decidiera la más conveniente para su reino. Los legados quedaron cautivados por el esplendor y la belleza del culto que contemplaron en Bizancio: «No sabemos si hemos estado en el cielo o en la tierra, decían… Hemos experimentado que Dios se encuentra allí entre los hombres». Lo que estos hombres experimentaron, comenta Ratzinger, no fue un tipo de discurso misionero más convincente que el de otras religiones, sino el «aparecer mismo de la verdad» en la liturgia. Y continúa diciendo: «Una vez más y dicho de otro modo: la liturgia bizantina no se proponía, ni se propone, indoctrinar a otros o mostrárseles complaciente y entretenida. Lo que podía impresionar de ella era, precisamente, su pura gratuidad, el que era celebrada para Dios, y no para los espectadores» (Cf. Convocados en el camino de la fe, Ed. Cristiandad, Madrid 2004 pág. 95 ss). En definitiva, la liturgia bella y solemne que los enviados del rey de Kiev presenciaron en Constantinopla fue ocasión de una profunda conmoción. Un agregado de elevados sentimientos –admiración, deseo, contemplación, gozo– los convenció enseguida de la verdad de lo que allí se celebraba: simplemente allí estaba Dios; un culto de tal modo sublime solo podía ser propiedad de la religión verdadera.

    Si miramos el panorama litúrgico actual, no obstante el inmenso despliegue de medios para llevar a la práctica la reforma litúrgica esbozada por el último Concilio, hay que reconocer con humildad que el culto católico ha perdido en gran medida su capacidad de suscitar asombro, de conmover con la noble belleza de sus ritos el corazón del hombre moderno. Como señalaba tiempo atrás un destacado liturgista, «contra todo proyecto, la realización concreta de la reforma litúrgica se ha dejado cautivar por una forma de desacralización sistemática». Parafraseando a Tomás de Aquino, podríamos decir que la liturgia ya no cae bajo la categoría de la admiración y del deseo; carece de ese «embrujo»que vieron en las ceremonias de la Iglesia tantos espíritus selectos y que fue el principio de su conversión. Solo una extendida forma de tedio, causada en buena parte por la carencia de esplendor y decoro en la liturgia, puede explicar la huida de tantos fieles, sobre todo en países de vieja tradición cristiana, de la participación en los sagrados misterios. Los ritos renovados, por su excesivo empobrecimiento y simpleza simbólica, han dejado de suscitar estupor y, en ocasiones, ni siquiera despiertan esa mínima e indispensable «extrañeza» que mueve al hombre a interrogarse por lo desconocido y misterioso; cada vez cuesta más encontrar en ellos el esplendor de lo verdadero (splendor veri), como reza la clásica definición de belleza. Por otra parte, con frecuencia se ha querido paliar esta apatía litúrgica con la introducción de elementos de entretencióny diversiónen los actos de culto, los cuales han terminado por anular casi por completo la capacidad de asombro ante lo santo y sagrado.  

    Certero me parece el siguiente análisis sobre algunas posibles causas del actual desencanto litúrgico entre los fieles:

    «Con alguna frecuencia se encuentra uno con celebraciones litúrgicas débiles, superficiales, incluso feas y, por ello, desagradables. No agrada el ambiente, porque parece a veces hallarse uno en una reunión social, donde falta el estupor del encuentro con lo trascendente, con lo divino; incluso a veces el templo parece más bien una sala, donde ni siquiera hay posibilidad de arrodillarse para la adoración. No agrada la música, caracterizada con frecuencia por una banalidad exagerada en el ritmo, que se percibe como ruido y, con frecuencia, también en la letra. No agrada tampoco el celebrante. Por el tono de voz, no adecuado al misterio que se celebra, y por sus modales un tanto desacralizados; y sobre las homilías cuánto se ha dicho sobre sus argumentos insustanciales y repetitivos, como si faltase un plan en la formación de la fe y se hablase porque toca hablar. Además, se centra la acción litúrgica en el celebrante, en la asamblea o en las noticias de cada día, impidiendo el verdadero culto divino» (Pedro Fernández Rodríguez, La sagrada liturgia en la escuela de Benedicto XVI, Ed. Vaticana 2014, p.195).

    Es necesario convencerse de que la liturgia está llamada a jugar un papel primordial en la creación de una contracultura capaz de frenar las fuerzas desintegradoras que asechan a la fe y al orden cristiano en general. «La fuerza interna de la liturgia –decía el Cardenal Ratzinger– ha jugado un papel fundamental en la expansión del cristianismo». Y esa «fuerza interna» radica en la capacidad de hacer presente la verdad y belleza de Dios por medio de los espacios y ritos sagrados: éstos empujan el espíritu al encuentro de Dios, suscitando una admiración amorosa por lo divino. La liturgia tiene que volver a reencantar a las almas, y de modo tal, que cada fiel, luego de asistir a un acto de culto, particularmente a la Santa Misa, pueda estar en condiciones de exclamar con gozosa admiración: hallé al que ama mi alma, lo así fuertemente y no lo soltaré (Cant 3, 4).